Tulio
Fernández es un erudito. Un lector de vocación. Más de sesenta años dedicados a
aprender de los libros. Experiencia que le ha permitido escribir lo que sabe,
narrar lo que siente, crear lo que su imaginación inventa y evocar las
emociones a través de la poesía.
Lo
que Tulio escribe, lo hace desde la perspectiva de la “dimensión dual“. Esto
es, tomar de la realidad fáctica los hechos como han sido, tal cuál se
produjeron para la historia y envolverlos en el sortilegio de las cadencias y
ritmos esotéricos. Cada suceso histórico o evento que genera su talento, lo
interpreta con base en sus percepciones extrasensoriales.
A lo
largo de su vida, ha llenado baúles de páginas ricas en conocimientos,
originados por la historia de la humanidad. Conocimientos que los ha convertido
en cuentos, ensayos, reflexiones o poemas, escritos para su más íntimos
allegados: su esposa Mireya, compañera y leal amiga inseparable por más de 54
años; su hija Teresita; su sobrina Luisa Teresa y su guía espiritual, el Niño
Jesús. Empleando el método de la vía epistolar, fue acumulando, sin pretender
hacerlo de esa manera, lo que he denominado la “Enciclopedia de Tulio“. Bagaje
cultural que debe aprovecharse por nuestro pueblo menesteroso de conocimientos
universales, principalmente la juventud. Resúmenes de siglos de historia que
Tulio los ha podido compactar en digeribles cuartillas didácticas. Textos
procesados que deben editarse para salir a la luz pública. La “Enciclopedia de
Tulio“ no puede quedarse como un archivo muerto que sería enterrado junto con
él, al momento de llegarle su hora.
Por
la densidad de sus análisis y riqueza de contenidos, basados en los
acontecimientos que han moldeado el mundo que tenemos hoy, la “Enciclopedia de
Tulio“ es de fácil asimilación. El lector queda atrapado por su fluida lectura
y poética narración. Los datos reales, el toque místico y el cúmulo de
sabiduría, entusiasman a quienes se adentren en su lectura para descubrir, si
todavía no lo han logrado, la vocación por la lectura, el interés por aprender
lo que ha sido y por conocer la otra cara del mundo.
“La
Magia de lo Insólito: raíces de la guerra religiosa en el siglo XXI“ es
producto de estas reflexiones. Constituye el primer libro de la serie
“Enciclopedia de Tulio“ que Ediciones ICH, ha iniciado como la primera
publicación del autor. Hito que marca también, el inicio de la empresa
editorial en el mercado venezolano.
El
libro reúne una selección de escritos vinculados a la guerra que se inicia a
partir del 11de septiembre pasado. Escritos que, como se mencionó arriba, han
sido desarrollados por el autor, empleando el modelo de la epístola para
transmitir sus ideas. A manera de carta dirigida a uno de los suyos, el autor
se lanza con su cuidadosa narración. A veces, emplea un artificio para hablar
introspectivamente con su yo interior. Para eso ha inventado la figura del
doctor Lao.
“La
Magia de lo Insólito: raíces de la guerra religiosa en el siglo XXI“ se inicia
con un análisis inicial que engloba el hecho de la destrucción de las torres de
World Trade Center de Nueva York, para pasar de inmediato a relacionarlo con
los antecedentes históricos religiosos. Lo que nos lleva a saber de Abraham,
Mahoma, Jerusalén, Palestina, los árabes, Persia, Irán.
La
narración histórico religiosa que nos hace Tulio Fernández, nos coloca en un
nuevo punto de partida. El 11 de septiembre del 2001, marca la nueva era de las
luchas de los pueblos del mundo. Surge un nuevo modo de emplear los instrumentos
de combate. Se generan cambios en la correlación del uso de los componentes
militares para hacer la guerra. Lo religioso y la fuerza de convicción que
produce al interior de su fieles, influye ahora significativamente, para
cambiar la estrategia militar de las potencias mundiales.
Mencionar
esta nueva referencia en la historia universal, nos obliga a manifestar muy
someramente nuestra opinión. Sin que esto altere la esencia del libro que
estamos presentando, ni se irrespete la integridad ideológica del autor.
La
raíz de las manifestaciones violentas, canalizadas a través de la guerra, es
producto de las pugnas de las potencias por dominar al mundo. Hipótesis
comprobada a lo largo de la existencia humana. Nada nuevo se descubre. Pero si
sirve para entender la complejidad del mundo actual y los fenómenos que se
derivan de la ambición del poder. El control del mundo constituye la génesis de
las causas que engendran al fenómeno guerra.
Cuando
vimos por la televisión al avión estrellarse contra la segunda torre del World
Trade Center de Nueva York, no solamente que se descartó la posibilidad de un
accidente de lo ocurrido con la primera torre minutos antes, sino que se estaba
en presencia del inicio del nuevo modo de guerra, al que hacíamos referencia
más arriba. Ese hecho era lo aparente, lo fenomenológico. Lo que observamos y
pudimos comprobar.
No
obstante, así como en los fenómenos paranormales, la existencia de la cuarta
dimensión es imperceptible al cerebro humano, en las relaciones sociales hay
también componentes invisibles. La cuarta dimensión no se puede ver. Es
intangible. Lo extrasensorial es aún inexplicable. El alma, los espíritus, los
milagros, todo este mundo que lo creemos mágico y que sigue siendo un misterio,
no lo capta el cerebro del hombre terrenal. Se mantiene en el plano de lo
incomprensible.
Sucede
igual en las relaciones sociales. La génesis de los hechos son
imperceptibles. Lo cubre el fenómeno, que si es visible y es también tangible y
explicable. El fenómeno es la apariencia, mientras que la causa que lo
genera, no es percibida por la gran mayoría de la humanidad. La raíz está
oculta, inmersa en los lugares más recónditos de la justificación. En la
guerra vemos a los adversarios y cada uno de ellos explica sus motivaciones.
Razones que sustentan su verdad. Explicaciones que podemos o no creer y, en
consecuencia, aceptarlas o rechazarlas. Todo dependerá de nuestro marco de
referencia. No obstante, pueden ser verificables y observables. De esta manera
se materializan en forma, tiempo y espacio. Por lo tanto, es en apariencia la
explicación de su causa.
Hasta
aquí, estamos en el mundo de lo fáctico y por lo tanto podemos derivar nuestros
juicios. Sin embargo, si permanecemos en este nivel de lo fenomenológico, nos
sucederá lo mismo que con la cuarta dimensión. Sin percibir la esencia de las
cosas. Porque lo fenomenológico no es la verdad. Es consecuencia de una verdad.
La
nueva guerra contra Estados unidos que parte de ese 11 de septiembre y que
involucra, queramos o no, a todo el mundo occidental, está basada en el
terrorismo. Pilotos suicidas y difusión de bacterias contaminantes, son la
expresión del fenómeno. El terrorismo como modo de lucha. Se acepta o se
rechaza. Indistintamente de las motivaciones, el fenómeno como tal es
repudiable. La acción del fanatismo y radicalismo religioso deprava la mística
para aterrar a más de las dos terceras partes del mundo. Hechos abominables que
obligan a su condena sin vacilación. Aún de quienes se colocan en el lado del
“sur“ dentro de la confrontación ideológica contra el “norte“.
Sin
embargo, ese fenómeno no es la génesis de la guerra. Ésta, se encuentra en las
acciones hegemónicas de las potencias mundiales. Ha sido la estrategia del
dominio mundial, la que ha estimulado el surgimiento de la nueva corriente
extremista del islamismo que encontramos en Afganistán y otras regiones del
mundo. La antigua Unión Soviética, carga con su parte de responsabilidad al
invadir su territorio, a fines de los años 70, para contrabalancear el control
de los Estados Unidos sobre el Golfo Arábigo. Y, los Estados Unidos, al
estimular el desarrollo de los “moujahidines“ y sus brigadas internacionales
para resistir esa invasión soviética.
Las
relaciones de los servicios de inteligencia norteamericanos con las facciones
guerrilleras de esa época, pasaban por el filtro de sus socios islámicos en
Asia: la CIA saudita y el Inter Service Intellegence (ISI), servicio de contra
inteligencia del ejército paquistaní. A través de su organización, Al Qa'eida,
Osama Bin Laden facilitaba la llegada de los combatientes y de fondos
estadounidenses a la resistencia afgana. Sus contactos con los servicios
secretos de Washington y Riad le convirtieron, a Bin Laden, en el tesorero del
operativo Afganistán.
Dice
un dicho popular “cría cuervos y te sacarán los ojos“. Eso fue lo que hicieron
las potencias mundiales. Están recogiendo hoy, las tempestades de los vientos
que sembraron ayer. Fueron sus pugnas por dominar al mundo y controlar espacios
territoriales para sus mercados, materias primas o establecer enclaves de
poder, las que estimularon los apetitos y las pasiones perversas en Afganistán,
en Palestina o en el mundo islámico del planeta. Como también lo hicieron y
continuarán haciéndolo con otros pueblos, sociedades o grupos de la humanidad.
Al menos, con las generaciones que les ha correspondido habitar al planeta
Tierra en el siglo XX y ahora en el siglo XXI.
Evidentemente,
a partir de lo genoestructual, que es precisamente la causa principal de los
conflictos, emergen los distintos fenómenos, acontecimientos, revelaciones y
demostraciones. Es decir, toda la gama de sucesos que terminan de explicar las
conductas de los pueblos. Pero, sin la existencia de ese embrión
genoestructural los fenómenos no aparecerían.
La
guerra, sea en Afganistán, Kachemira, Palestina o en los Balcanes, donde
ocurra, es consecuencia de las contradicciones de las cúpulas que toman
decisiones en nombre de la paz. Cada elemento involucrado, en cualquiera de los
conflictos actuales, mantiene sus propias demandas que son consideradas justas.
Su verdad y su razón se imponen para no ceder ante su oponente. Lo que Occidente
considera como terrorismo, es para el radicalismo islamita, la guerra santa
contra los infieles y por la gracia de Dios. “…La guerra santa para defender al
Islam es un deber religioso…“. Ha dicho Bin Laden, la encarnación, hoy en día,
del rechazo de los valores occidentales. Los palestinos no dejarán de
luchar por su noble causa hasta conseguir para sí, los territorios que les
fueron despojados por Israel. En España, la ETA no se deja seducir por los
encantos de la democracia. En México, el EZLN no claudicará sin conseguir sus
demandas. En Colombia, las FARC no entregarán las armas en nombre de una paz
concebida por el gobierno. Esa es la realidad del mundo. Para que funcione de
esta manera, ha tenido mucho que ver la hegemonía como factor imperecedero de las
potencias que dominan al mundo. Punto único que arroja consecuencias
desoladoras, para el futuro y para la evolución de la humanidad.
“La
Magia de lo Insólito: raíces de la guerra religiosa en el siglo XXI“ de Tulio
Fernández Bustillos, hace su aparición pública para difundir los antecedentes
de un mundo anterior que pueda explicar el nuevo mundo de hoy.
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