martes, 16 de diciembre de 2014

Sucedió hace 18 años



Hay cambios que se sienten orgánicamente. Cambios en el interior de nuestro ser que nos indican nuevas sensaciones de bienestar, de tranquilidad, de paz espiritual. Cambios que nos satisfacen y nos permiten disfrutar el placer de vivir. Esos cambios nos sorprenden y nos llevan a tomar conciencia de que no lo conocíamos todo, de que la vida tiene otras facetas que anteriormente nunca la habíamos practicado. Cuando esos cambios se materializan con hechos concretos y muy palpables comenzamos a vivir diferentes y nuevos niveles de felicidad.

Felicidad que no es única, sino variada en emociones e intensidad. Por ejemplo, pensar en ella, la chama que me ha hecho vibrar otra vez, que ha logrado traerme de vuelta a la vida, después de mi muerte espiritual, pensar en ella es sentir una gran emoción que le da sentido a mi vida nuevamente y me anima a reconocer que la lucha por alcanzar mis metas está inconclusa. Pensar en ella es sentir que puedo ahora mismo, en esta encrucijada coyuntural de mi existencia, dedicarme a hacer lo que por mucho tiempo había postergado. Pensar que ella esta conmigo es saber que puedo abocarme a crear lo que mi espíritu me ha estado indicando desde mucho tiempo atrás y que nunca me había decidido a intentarlo. Pensar en ella y saber que ella lo hace en mí es amar al amor y darle un espacio en mi alma que rebasa los límites de mi frontera física del cuerpo material.

Esta es una de esas manifestaciones de felicidad. Hay otras más, y que describiré posteriormente,  pero en estas páginas solo quiero detenerme a expresar las que vivo con ella. Porque lo que busco es recrear su significado tanto en mi vida personal, como en el complemento espiritual del amor del ser humano.

Ayer me dijo que no estaba solo que ella pensaba mucho en mi, a cada instante y en cada lugar. Es muy grato escuchar eso. Pero además de grato, el que una mujer lo manifieste con convicción se convierte en un mensaje altamente fortalecedor de nuestra maltratada autoestima. Me transmitió además una fina sensación de ser una compañera leal que hace lo que hace porque su espíritu libre se lo permite. Sin ataduras ni compromisos, ni mucho menos por buscar satisfacciones de tipo material. Ella lo hace porque lo siente con emoción y porque, a su propio nivel de intensidad, es feliz entrar en la vida de un hombre que tiene mucho que hacer todavía en los años que le quedan por su tránsito terrenal. Y no solo la percibo a ella como compañera, la intuyo creadora de caminos y conductora mística. Rol en el mundo que es vital para la realización de sueños y construcción de metas.

Cuando la conocí no me fijé en ella. Salimos juntos hacia el evento del fin de semana. En el trayecto conversamos generalidades de la universidad, tema apropiado a su medio laboral y que yo conozco también. Conversamos más como un abre boca que como un tema de análisis, pero que nos permitió establecer un nexo que, al menos a mi, me dio seguridad y confianza al presentarme a la actividad que se realizaría por el lapso de dos días. Entonces comencé a notar  su personalidad y su firmeza al emitir juicios certeros. Particularmente aquellos que se relacionaban con mi problema sentimental. Nos quedamos, las dos noches del evento, conversando sobre ellos hasta avanzadas horas de la madrugada.

Me sentí muy sereno con sus palabras. Algo había en esta mujer que me transmitía serenidad. Dos hechos terminarían de confirmar mi corazonada: Uno, el día de la última comida. Era el almuerzo del domingo. Yo acudí al comedor solo, sin ella, y me senté en la mesa con otro grupo de personas. Pero estaba inquieto, sentí su ausencia y me reproché no haberla esperado para subir juntos. Cuando al fin llegó y se acomodó con el resto de los amigos que habíamos constituido el grupo de los cuatro, los que conversaban todas las noche, decidí levantarme de mi mesa, aun sin haber finalizado de comer, y sentarme en la de ella. Creo que cualquiera que se hubiera detenido a observarme podía haber notado el nuevo brillo de mis ojos. Me sentía alegre, muy alegre. Además, experimenté mucha confianza en mí. Yo era todo serenidad. Ella estaba allí, a mi lado. Creo que me sentí feliz. No obstante, aún era muy prematuro pronosticar lo que ocurriría entre nosotros.

El otro hecho ocurrió en la despedida del evento. Mi corazón se aceleró, desmedidamente, cuando recogió la rosa y se volteó hacia mi para entregármela. Este gesto simbolizaba su elección de la persona que más cercanía le había proporcionado el desarrollo del encuentro. Para mí, esta actitud de aprecio selló el inicio de una relación única, llena de energía e incertidumbres que no sabía como despejarla. Pero que estaba allí gestándose en mi ser interior. Esta chama desconocida con apenas 48 horas de habernos presentado, pasaba a ser un factor de estabilidad y posiblemente de necesidad espiritual para mi. Ella, de quien no me fijé al conocerla, estaba ahora en mi corazón. Y esto lo sentí con mucha fuerza durante el viaje de regreso.

El camino hacia Los Teques, esa otra vía que escogimos diferente a la que tomamos cuando llegamos en caravana dos días antes, me permitió percibir que necesitaba besarla. La tenía en el asiento a mi lado y esa cercanía me obligaba a palpar su energía. Yo iba conduciendo mi camioneta, pero eso lo hacía mecánicamente, porque mi concentración estaba en ella. Los deseo de besarla eran muy fuertes. Estabas allí, chama. Llena de misterio. Eras toda incertidumbre, pero sentía que ya no podría separarme de tí. Me hiciste sentir en paz, contribuiste a que asumiera con mayor claridad mi agudo problema, me envolviste de serenidad. No lo pude evitar, te besé en los labios. Y sabes algo, estaba seguro que no me rechazarías. Esa sensación aún la tengo muy viva en mi recuerdo. Y no te aprisioné en mis brazos y te detuve con mis labios más tiempo, para no atropellar algo que exigía moderación y porque no tenía tu consentimiento. Pero, créeme, deseaba ese beso, otros más y que nunca te fueras. Necesitaba seguir hablando contigo. Tenerte asi junto a mi lado, lleno de ternura, esa que me transmitías con tu plácido cariño. Adiós chama, te dije mentalmente,  espero que se inicie algo bueno para los dos.

Al día siguiente, muy temprano en la mañana, me llamaste. Sorpresa y alegría. Se confirmaba lo que intuía. Ahora no había duda, querías junto conmigo descubrir cuál era el destino de nuestro sereno, pero emotivo encuentro. Nos vimos al día siguiente y celebramos tu cumpleaños. El almuerzo, los obsequios, la grata e interesante plática y el paseo por la carretera de la playa nos confirmó que teníamos un futuro juntos.

A partir de ese martes 21 que quedamos enlazados y nos hemos visto o hablado todos los días. Han sido intensos, llenos de amor, de cercanía, de compañía, de inteligentes resoluciones. Hemos vibrado haciendo el amor. Descubrí en ti un goce único que adquiere, a nivel de los sentimientos, una nueva dimensión en la pasión madura, de entrega plena, cargada de fuerte dosis de lujuria espiritual. Nos poseemos con calidez, ternura e intenso deseo de amarnos hasta la explosión más allá del orgasmo. Han sido largas tardes de plena satisfacción que han abierto más nuestros corazones a darle un nuevo sentido a la vida y a nuestra misión terrenal.

Esto es solo el principio. Sé que a medida que avancemos en nuestra relación, los sentimientos se harán cada vez más puros, decantados y estilizados. No me puedo imaginar a que nivel de expresión física y espiritual llegaremos. Aunque si puedo decir, que será para bien y para elevar nuestra condición de ser humano. Tu, chama, has incidido en que domine con planteamientos certeros y muy serenos mi situación conyugal, contribuyendo así a que se vislumbren soluciones en la relación conflictiva que mantengo con mi pareja. Hasta es muy probable que tu aparición en mi vida, por muy contradictorio que parezca, ayude a alcanzar mi reconciliación matrimonial. También has contribuido a que el sitio que habito, el que nunca me gustó, comience a verlo diferente y hasta me empieza a agradar. Aquí dejaste tu aura que envuelve todos los ambientes, permitiendo respirar un aroma espiritual diferente. Ahora anhelo otro encuentro aquí mismo. Y que puedan repetirse con frecuencia.

Todo esto le has hecho a mi vida en tan poco tiempo. Y sabes, chama, me siento feliz. Tu has hecho aparecer la felicidad de nuevo en mi vida. Por eso es, como decía al principio, que los cambios que se experimentan en el ser existencial, como consecuencia de las relaciones y comunicaciones interpersonales nos conducen a vivir, a sentir con plenitud y a desarrollar nuevos y variados niveles de felicidad, que muy probablemente ni conocíamos anteriormente, ni pensamos nunca que podríamos volver a sentirlos. Esta es mi experiencia contigo, chama. Creo, que hasta me puedo enamorar locamente de ti, desplazando, aunque no lo quisiera, a quien por 28 años ha sido mi esposa.

Pero...siempre en cada historia de amor intenso hay un pero, el gran obstáculo es que tu eres casada y con tres hijos pequeños. Un “no puede ser”, un límite a esta relación que tan cándidamente ha nacido aparece y se anuncia en el tiempo. Que pasará no lo sé amor, pero tampoco lo quiero racionalizar ahora. Me siento muy bien sintiendo que te quiero. Que sea el tiempo y la conducta inteligente de nosotros los factores que despejen la incógnita del destino.

Caracas, 2 de Junio de 1996

La Magia de lo Insólito


Tulio Fernández es un erudito. Un lector de vocación. Más de sesenta años dedicados a aprender de los libros. Experiencia que le ha permitido escribir lo que sabe, narrar lo que siente, crear lo que su imaginación inventa y evocar las emociones a través de la poesía.

Lo que Tulio escribe, lo hace desde la perspectiva de la “dimensión dual“. Esto es, tomar de la realidad fáctica los hechos como han sido, tal cuál se produjeron para la historia y envolverlos en el sortilegio de las cadencias y ritmos esotéricos. Cada suceso histórico o evento que genera su talento, lo interpreta con base en sus percepciones extrasensoriales.

A lo largo de su vida, ha llenado baúles de páginas ricas en conocimientos, originados por la historia de la humanidad. Conocimientos que los ha convertido en cuentos, ensayos, reflexiones o poemas, escritos para su más íntimos allegados: su esposa Mireya, compañera y leal amiga inseparable por más de 54 años; su hija Teresita; su sobrina Luisa Teresa y su guía espiritual, el Niño Jesús. Empleando el método de la vía epistolar, fue acumulando, sin pretender hacerlo de esa manera, lo que he denominado la “Enciclopedia de Tulio“. Bagaje cultural que debe aprovecharse por nuestro pueblo menesteroso de conocimientos universales, principalmente la juventud. Resúmenes de siglos de historia que Tulio los ha podido compactar en digeribles cuartillas didácticas. Textos procesados que deben editarse para salir a la luz pública. La “Enciclopedia de Tulio“ no puede quedarse como un archivo muerto que sería enterrado junto con él, al momento de llegarle su hora.

Por la densidad de sus análisis y riqueza de contenidos, basados en los acontecimientos que han moldeado el mundo que tenemos hoy, la “Enciclopedia de Tulio“ es de fácil asimilación. El lector queda atrapado por su fluida lectura y poética narración. Los datos reales, el toque místico y el cúmulo de sabiduría, entusiasman a quienes se adentren en su lectura para descubrir, si todavía no lo han logrado, la vocación por la lectura, el interés por aprender lo que ha sido y por conocer la otra cara del mundo.

“La Magia de lo Insólito: raíces de la guerra religiosa en el siglo XXI“ es producto de estas reflexiones. Constituye el primer libro de la serie “Enciclopedia de Tulio“ que Ediciones ICH, ha iniciado como la primera publicación del autor. Hito que marca también, el inicio de la  empresa editorial en el mercado venezolano.

El libro reúne una selección de escritos vinculados a la guerra que se inicia a partir del 11de septiembre pasado. Escritos que, como se mencionó arriba, han sido desarrollados por el autor, empleando el modelo de la epístola para transmitir sus ideas. A manera de carta dirigida a uno de los suyos, el autor se lanza con su cuidadosa narración. A veces, emplea un artificio para hablar introspectivamente con su yo interior. Para eso ha inventado la figura del doctor Lao.

 “La Magia de lo Insólito: raíces de la guerra religiosa en el siglo XXI“ se inicia con un análisis inicial que engloba el hecho de la destrucción de las torres de World Trade Center de Nueva York, para pasar de inmediato a relacionarlo con los antecedentes históricos religiosos. Lo que nos lleva a saber de Abraham, Mahoma, Jerusalén, Palestina, los árabes, Persia, Irán.

La narración histórico religiosa que nos hace Tulio Fernández, nos coloca en un nuevo punto de partida. El 11 de septiembre del 2001, marca la nueva era de las luchas de los pueblos del mundo. Surge un nuevo modo de emplear  los instrumentos de combate. Se generan cambios en la correlación del uso de los componentes militares para hacer la guerra. Lo religioso y la fuerza de convicción que produce al interior de su fieles, influye ahora significativamente, para cambiar la estrategia militar de las potencias mundiales.

Mencionar esta nueva referencia en la historia universal, nos obliga a manifestar muy someramente nuestra opinión. Sin que esto altere la esencia del libro que estamos presentando, ni se irrespete la integridad ideológica del autor.

La raíz de las manifestaciones violentas, canalizadas a través de la guerra, es producto de las pugnas de las potencias por dominar al mundo. Hipótesis comprobada a lo largo de la existencia humana. Nada nuevo se descubre. Pero si sirve para entender la complejidad del mundo actual y los fenómenos que se derivan de la ambición del poder. El control del mundo constituye la génesis de las causas que engendran al fenómeno guerra.

Cuando vimos por la televisión al avión estrellarse contra la segunda torre del World Trade Center de Nueva York, no solamente que se descartó la posibilidad de un accidente de lo ocurrido con la primera torre minutos antes, sino que se estaba en presencia del inicio del nuevo modo de guerra, al que hacíamos referencia más arriba. Ese hecho era lo aparente, lo fenomenológico. Lo que observamos y pudimos comprobar.

No obstante, así como en los fenómenos paranormales, la existencia de la cuarta dimensión es imperceptible al cerebro humano, en las relaciones sociales hay también componentes invisibles. La cuarta dimensión no se puede ver. Es intangible. Lo extrasensorial es aún inexplicable. El alma, los espíritus, los milagros, todo este mundo que lo creemos mágico y que sigue siendo un misterio, no lo capta el cerebro del hombre terrenal. Se mantiene en el plano de lo incomprensible.

Sucede igual en las relaciones sociales.  La génesis de los hechos son imperceptibles. Lo cubre el fenómeno, que si es visible y es también tangible y explicable. El fenómeno es la apariencia, mientras que la causa que  lo genera, no es percibida por la gran mayoría de la humanidad. La raíz está oculta, inmersa en los lugares más recónditos de la justificación.  En la guerra vemos a los adversarios y cada uno de ellos explica sus motivaciones. Razones que sustentan su verdad. Explicaciones que podemos o no creer y, en consecuencia, aceptarlas o rechazarlas. Todo dependerá de nuestro marco de referencia. No obstante, pueden ser verificables y observables. De esta manera se materializan en forma, tiempo y espacio. Por lo tanto, es en apariencia la explicación de su causa.

Hasta aquí, estamos en el mundo de lo fáctico y por lo tanto podemos derivar nuestros juicios. Sin embargo, si permanecemos en este nivel de lo fenomenológico, nos sucederá lo mismo que con la cuarta dimensión. Sin percibir la esencia de las cosas. Porque lo fenomenológico no es la verdad. Es consecuencia de una verdad.

La nueva guerra contra Estados unidos que parte de ese 11 de septiembre y que involucra, queramos o no, a todo el mundo occidental, está basada en el terrorismo. Pilotos suicidas y difusión de bacterias contaminantes, son la expresión del fenómeno. El terrorismo como modo de lucha. Se acepta o se rechaza. Indistintamente de las motivaciones, el fenómeno como tal es repudiable. La acción del fanatismo y radicalismo religioso deprava la mística para aterrar a más de las dos terceras partes del mundo. Hechos abominables que obligan a su condena sin vacilación. Aún de quienes se colocan en el lado del “sur“ dentro de la confrontación ideológica contra el “norte“.

Sin embargo, ese fenómeno no es la génesis de la guerra. Ésta, se encuentra en las acciones hegemónicas de las potencias mundiales. Ha sido la estrategia del dominio mundial, la que ha estimulado el surgimiento de la nueva corriente extremista del islamismo que encontramos en Afganistán y otras regiones del mundo. La antigua Unión Soviética, carga con su parte de responsabilidad al invadir su territorio, a fines de los años 70, para contrabalancear el control de los Estados Unidos sobre el Golfo Arábigo. Y, los Estados Unidos, al estimular el desarrollo de los “moujahidines“ y sus brigadas internacionales para resistir esa invasión soviética.

Las relaciones de los servicios de inteligencia norteamericanos con las facciones guerrilleras de esa época, pasaban por el filtro de sus socios islámicos en Asia: la CIA saudita y el Inter Service Intellegence (ISI), servicio de contra inteligencia del ejército paquistaní. A través de su organización, Al Qa'eida, Osama Bin Laden facilitaba la llegada de los combatientes y de fondos estadounidenses a la resistencia afgana. Sus contactos con los servicios secretos de Washington y Riad le convirtieron, a Bin Laden, en el tesorero del operativo Afganistán.

Dice un dicho popular “cría cuervos y te sacarán los ojos“. Eso fue lo que hicieron las potencias mundiales. Están recogiendo hoy, las tempestades de los vientos que sembraron ayer. Fueron sus pugnas por dominar al mundo y controlar espacios territoriales para sus mercados, materias primas o establecer enclaves de poder, las que estimularon los apetitos y las pasiones perversas en Afganistán, en Palestina o en el mundo islámico del planeta. Como también lo hicieron y continuarán haciéndolo con otros pueblos, sociedades o grupos de la humanidad. Al menos, con las generaciones que les ha correspondido habitar al planeta Tierra en el siglo XX y ahora en el siglo XXI.

Evidentemente, a partir de lo genoestructual, que es precisamente la causa principal de los conflictos, emergen los distintos fenómenos, acontecimientos, revelaciones y demostraciones. Es decir, toda la gama de sucesos que terminan de explicar las conductas de los pueblos. Pero, sin la existencia de ese embrión genoestructural los fenómenos no aparecerían.

La guerra, sea en Afganistán, Kachemira, Palestina o en los Balcanes, donde ocurra, es consecuencia de las contradicciones de las cúpulas que toman decisiones en nombre de la paz. Cada elemento involucrado, en cualquiera de los conflictos actuales, mantiene sus propias demandas que son consideradas justas. Su verdad y su razón se imponen para no ceder ante su oponente. Lo que Occidente considera como terrorismo, es para el radicalismo islamita, la guerra santa contra los infieles y por la gracia de Dios. “…La guerra santa para defender al Islam es un deber religioso…“. Ha dicho Bin Laden, la encarnación, hoy en día, del rechazo de los valores occidentales.  Los palestinos no dejarán de luchar por su noble causa hasta conseguir para sí, los territorios que les fueron despojados por Israel. En España, la ETA no se deja seducir por los encantos de la democracia. En México, el EZLN no claudicará sin conseguir sus demandas. En Colombia, las FARC no entregarán las armas en nombre de una paz concebida por el gobierno. Esa es la realidad del mundo. Para que funcione de esta manera, ha tenido mucho que ver la hegemonía como factor imperecedero de las potencias que dominan al mundo. Punto único que arroja consecuencias desoladoras, para el futuro y para la evolución de la humanidad.

“La Magia de lo Insólito: raíces de la guerra religiosa en el siglo XXI“ de Tulio Fernández Bustillos, hace su aparición pública para difundir los antecedentes de un mundo anterior que pueda explicar el nuevo mundo de hoy.